La memoria olvida, recrea historias, hace renacer a los libros.

En la mente hay un bosque donde se quedan las ideas, no los libros enteros

Sin la memoria no somos lo que dicta la ética humanista, no somos lo que nos han hecho aprender, tampoco aquello que con el tiempo aprendimos a olvidar; no somos el odio o el llanto, el recuerdo amargo y el beso confundido… Seríamos un vendaval sin rumbo y un borrón en la historia. Cada libro que estuvo en nuestra vida nos ha motivado a recordarlo de forma fragmentada y un tanto esquiva, nos sirven las frases sueltas y creamos eternas paráfrasis en el encuentro de un destello que nos salva del total olvido y relacionamos a los seres míticos con la cruda realidad donde está el ser que se les asemeja o que deseamos así sea. Vagamos inventando historias y necesitamos la imaginación que los escritores han poseído como el fuego divino, se los arrebatamos cuando es necesario, cuando nos pudre el alma la soledad y el desencanto… Somos las historias que nos han dejado, los puños de energía que nos alivian el momento y reconocemos que lo que pasa en muchos libros no es historia de todos y ni siquiera posible en la vida nuestra.

Por Ariadne Gallardo Figueroa

Escribir es una de las actividades creativas más fascinantes que existe, indagar lo caminos de diferentes versiones, encontrar motivos para acrecentar el cauce de un relato y motivar a la lectura, es agradable para todo el que escribe

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